Causas cognitivas y sociales del malestar psicológico.

Epícteto expuso en el siglo I a.C: “No son las mismas cosas las que nos perturban, sino las opiniones que tenemos de esas cosas”.

Shakespeare volvió a formular esta idea en Hamlet “No hay nada que sea bueno o malo, es el pensamiento el que hace que las cosas lo sean”.

Bajo estas premisas se encuentra la Terapia-Racional-Emotiva-Conductual o TREC. Esta orientación terapéutica se basa en la idea de que tanto las emociones como las conductas son producto de las creencias de un individuo, de su interpretación de la realidad.  La TREC fue desarrollada a partir de 1955 por Albert Ellis (27 de septiembre de 1913, Pittsburgh-24 de julio de 2007, Manhattan)  psicoterapeuta cognitivo estadounidense considerado por muchos como el fundador de las terapias cognitivo conductuales.

El objetivo principal de la TREC es asistir al paciente en la identificación de sus pensamientos “irracionales” o disfuncionales y ayudarle a reemplazar dichos pensamientos por otras más efectivos que le permitan lograr con más eficacia metas de tipo personal como ser feliz, establecer relaciones sociales satisfactorias, etc (Ellis y Becker, 1982)

Para la TREC es esencial conocer la forma de pensar del individuo, las creencias que ha desarrollado sobre sí mismo, sobra las otras personas y sobre el mundo en general.  Si estas interpretaciones son poco empíricas y dificultan la obtención de las metas vitales perseguidas por el individuo, reciben el nombre de irracionales. En este sentido se pueden distinguir dos principales categorías de perturbaciones psicológicas humanas: la perturbación del yo y la perturbación de la incomodidad (Ellis, 1979).

Ellis describió las 12 ideas irracionales básicas de la TREC en 1956. Posteriormente descubrió que podía condensar su lista original en tres ideas irracionales. Estas tres ideas contenían debo en lugar de preferencias. Los tres debo básicos que generan ideas irracionales son:

  1. Debo hacer las cosas bien y/o ganarme la aprobación de las personas significativas para mí o si no soy una persona incompetente”
  2. “Los demás deben tratarme con justicia y consideración y no frustrarme demasiado, o, de lo contrario, son despreciables”
  3. Mis condiciones de vida deben proporcionarme las cosas que quiero y tienen que mantenerse a salvo del dolor o si no la vida  es insoportable y no puedo ser feliz en absoluto! (Ellis, 1999)

En mi opinión,  las aportaciones de Albert Ellis constituyen un cuerpo muy valioso de conocimientos teóricos y prácticos para la psicoterapia. Ellis introdujo conceptos muy importantes para la terapia cognitivo conductual, orientación que vincula el pensamiento y la conducta y que actualmente cuenta con el apoyo de resultados de investigaciones clínicas que avalan su eficacia. No obstante desde mi punto de vista la TREC no presta suficiente atención a la influencia de factores de naturaleza social en el estado psicológico del individuo.  Las teorías cognitivas otorgan un peso preponderante a los pensamientos irracionales o distorsiones cognitivas como fuentes primarias de malestar. Cuando “atacas” de forma sistemática el modo disfuncional de entender la vida, el malestar psicológico individual disminuye o desaparece. Pero a mi juicio es evidente que una visión malentendida de ti mismo, los demás, el futuro o el mundo tiene muchas probabilidades de ir acompañada (sin haberlo querido) o ser generada por falta de apoyo social, sentimientos de alienación o pérdida de recursos en una sociedad cada vez más carente de cultura comunitaria y más cercana a valores morales de beneficencia social.

Os dejo el enlace de un artículo titulado “Causas sociales de la depresión. Una revisión crítica del modelo atributivo de la depresión”. En él se pone en tela de juicio el modelo atributivo de la depresión desde concepciones psicológicas cognitivas. El efecto de las desigualdades sociales en la salud mental de los individuos puede llegar a tener un verdadero protagonismo que en ocasiones puede verse aderezado por esquemas cognitivos disfuncionales adquiridos en etapas tempranas del desarrollo. Coincido con los autores del mencionado artículo cuando afirman, y cito literalmente,  que “promover la salud mental no es sólo una tarea que resida en la capacidad de las personas para cambiar sus estilos cognitivos, algo que en determinados casos no debe quedar excluido, sino en la transformación tanto de las condiciones sociales que influyen en nuestra integración social como de las interacciones sociales en las que se construye nuestra autoestima”.

Espero que disfrutéis tanto como yo de su lectura.

Causas sociales de la depresión. Una revisión crítica del modelo atributivo de la depresión

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